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lunes, 26 de mayo de 2008

Un día en el Henares (4/35)


A través de la ventana

Una ventana ofrece siempre dos vistas, una hacia adentro, otra hacia afuera. El exterior es el viaje; el interior es de dónde venimos. Nunca como en los primeros años ambas visiones se complementan: el aula y el patio, la intimidad de lo que aprendemos y el campo de operaciones, el manual de uso de la vida y la vida misma: un pequeño territorio al principio, con árboles y ruedas usadas... y al otro lado de la verja, el ancho mundo. A través de la ventana la curiosidad del fotógrafo atrapa a unos personajillos cuya mayor virtud es, precisamente, la curiosidad.

Miguel Ángel Barroso
Redactor D7

jueves, 22 de mayo de 2008

Págalo

Una magnífica foto, y un gran recuerdo que me llevo de las Shetland. Esta imagen la hizo Miguel Á Barroso con mi G9, y tiene todo su mérito (el barco se movía como su … madre, tenía un contraluz importante), de composición impecable, la suerte de cara (sino mirar al págalo) estos pájaros saltaban hacía su presa (galleta) en un plis-plas, y encima tiraba en automático. Ni él se lo creía, y yo menos. Gracias Miguel, y gracias por tu colaboración en mi blog y en el de Fotógrafos de ABC. Aunque hay mucho ¡perrea! ¡perrea!, lo importante es dejar perlas cosas como estás en nuestros blogs.

Y a partir de mañana empiezo a poner las fotos de la exposición, espero que me dejes vuestras opiniones o críticas, siempre serán bien recibidas.



Foto Miguel Á. Barroso

miércoles, 21 de mayo de 2008

La playa

En verano huyo de los bosques de sombrillas y de los chiringuitos. Lo siento. Me agobio. Ya no me divierte "pasar revista a las tropas", que es como mis colegas y yo llamábamos a los paseos por la orilla del mar en busca de mucha carne o poca tela, que tanto monta. Ahora la peña ha perdido los complejos y se ven espectáculos inenarrables. Lo que me molesta es la gente, no la playa. Observad esta lengua arenosa que une Mainland con St Ninian´s Isle, en las Shetland. Un pequeño paraíso escondido. No se ven rascacielos de treinta pisos, ni chuloputas marcando tableta, ni vendedores ambulantes, ni críos chillones jodiendo con la pelota; en los acantilados cercanos anidan los fulmares. Los valientes pueden darse un chapuzón en la playa sur, caminar unos pasos y hacer lo propio en la norte. Me dijo un lugareño que la marea alta no termina de cubrir nunca el pequeño istmo, que siempre se puede cruzar al verde islote de St Ninian donde pastan las ovejas. Quizás más pronto que tarde no sea así. Lástima que el cambio climático no pueda discriminar entre arenales sepultados por el cemento y playas prístinas como ésta.

St
Ninian
's Isle

Texto Miguel Á. Barroso

martes, 20 de mayo de 2008

Todos los días son viaje

"Todos los días son viaje", escribió el poeta japonés Matsuo Basho hace más de 300 años en la primera anotación de su obra maestra, "Sendas de Oku". Basho fue uno de los creadores más brillantes de haikus, cortas y sencillas composiciones que hablan de la naturaleza y de la vida cotidiana. Versos austeros y libres. El verano pasado un compañero de ABC, Alfonso Armada, publicó un haiku diario en el periódico, un ejercicio de provocación poco habitual en estos tiempos de molicie. Pienso en la frase de Basho y en esos poemitas mientras miro esta foto sin pretensiones. El asfalto y el cielo. El poeta definía sus lecturas como "conversaciones entre el fantasma y el futuro fantasma". Por esa carretera de las Shetland pasaron dos futuros fantasmas durante su viaje de ese día.



Foto Miguel Berrocal
Texto Miguel Á. Barroso

lunes, 19 de mayo de 2008

Las focas perrean

Rodeando la isla de Noss, un pequeño islote de las Shetland que sirve de refugio a más de 100.000 parejas de aves marinas, una foca nos iba vacilando. Sacaba la cabeza del agua y la escondía, burlando el objetivo de la cámara. Entonces sonó el móvil del compañero. "Perrea, perrea". Peajes de nuestro tiempo: te localizan aunque estés perdido en el culo del mundo. "El chiki chiki mola mogollón…". Una de las tripulantes del pequeño barco pesquero en el que íbamos, probablemente nieta del patrón, se nos quedó mirando extrañada al escuchar la sintonía del teléfono. "Es la canción española para el festival de Eurovisión de este año". Y se la pusimos entera. Para qué queremos más: risas, bluetooth y envío a las amigas. "¿Peguea peguea?". "Hacer el perro, vaguear…". No terminaba de entenderlo. "Live like a lazy dog". Más risas. Le informamos de que podía ver el vídeo en YouTube. Luego pensé que el primer contacto que probablemente iba a tener esa chica con la "cultura" española era Rodolfo Chikilicuatre. Qué imagen. La foca asomó otra vez. Un segundo, o dos. Así estuvo jugando con nosotros un buen rato hasta que la cazamos. Luego vimos a sus congéneres tumbadas en unas rocas, gordas, perezosas, pasando de todo. Perreando.




Foto Miguel Berrocal
Texto Miguel Á. Barroso

domingo, 18 de mayo de 2008

Little Monk

Llevo más de veinte años persiguiendo frailecillos. En Escocia, Noruega, Islandia, Alaska… Recuerdo la primera vez que los vi: en las islas Lofoten (Noruega), unos pequeños balines negros volando a escasa distancia del agua. Mucha gente piensa que son aves de buen tamaño al ver los primeros planos que publican las revistas de naturaleza, pero su talla apenas supera un palmo. Llevaba unos prismáticos discretos y una vieja Yashica de arrastre manual, herramientas con las que hice lo que pude. Por la noche mis colegas y yo estábamos felices por haber imaginado (más que observado) a los puffins. Hoy, en Sumburgh Head, al sur de las islas Shetland, me he dado un homenaje que difícilmente podré olvidar. Sin prismáticos, pues les he espiado en sus nidos a dos o tres metros de distancia, ni cámara, pues el compañero llevaba un cañón con el que podía robarles el alma. Sentados en una mullida hierba al borde del acantilado, parecía que estábamos dentro de un documental de la BBC. Ayer un guía me preguntó cómo se llaman los puffins en español. “Frailecillos”, le dije. “Little monks”. Le hizo tanta gracia que me pidió que se lo escribiera. “Realmente parecen pequeños frailes”. Y ya tuve que traducirle el nombre de los demás habitantes de estas costas.


Foto Miguel Berrocal
Texto Miguel Á. Barroso

sábado, 17 de mayo de 2008

La finca


Una historia habitual: un personaje vive sus últimos días en un pueblecito perdido en la costa, lejos de su cuna, y decide que lo entierren allí cuando muera. Otros piden que sus familiares y amigos esparzan sus cenizas en el mar, o a los pies de una montaña. Recuerdo un viaje de trabajo a Galicia con un compañero. “Vamos a pasar junto al muro de una iglesia donde siempre que hago esta ruta veo al mismo abuelo sentado”, me dijo. Pero en esa ocasión no estaba. “Habrá pasado a la finca”, añadió, señalando el cementerio que había junto al templo. Es curiosa la preocupación de mucha gente sobre el destino de sus huesos, sean creyentes o santos laicos. Yo, por ejemplo, ya he dado instrucciones y amenazado a mis herederos con que les perseguirá mi fantasma si no cumplen mis deseos. Pero… ¿por qué querría el tipo del principio descansar junto al mar, acaso los muertos pueden disfrutar de las vistas? ¿Las cenizas hacen submarinismo? Escribamos un epitafio grande, simbólico, para que nos recuerden durante un tiempo… aunque el camino sea igual para todos, no hay pérdida, lleva a la finca, como en este rincón de las Shetland donde algunos quisieron quedarse para siempre.

Texto Miguel Á. Barroso
Foto Miguel Berrocal

viernes, 16 de mayo de 2008

¡Por Dios, que esto es la apertura!

El mar como un plato, el cielo como la panza de un burro, las horas cayendo en un cesto, los fulmares escoltando el barco… y, de repente, tras doblar un acantilado, todo cambia: se levanta un fuerte viento y nos vemos cabalgando las olas bajo una nube de alcatraces, despeinados, descosidos y nerviosos, disparando a las rocas, al faro, a las espumas, a las aves, “por Dios, que esto es la apertura”, resbalamos, nos tumbamos en el suelo de la cubierta, cambiamos los objetivos de las cámaras, “déjame sitio para el titular”. Algunos pasajeros echan la mascada por la borda. Un págalo persigue a un alcatraz y le obliga a soltar los peces que llevaba en el pico. Los frailecillos huyen corriendo sobre las aguas dejando un rastro de chapoteos. Al cabo de un rato se acaba el subidón, vuelve la calma, pero nace la duda: ¿podremos explicar esto con imágenes y palabras?



Foto Miguel Berrocal
Texto Miguel Á. Barroso

jueves, 15 de mayo de 2008

Qué bonito (y misterioso) es el amor

La capilla de Roslin, al sur de Edimburgo, saltó a la fama por “El código Da Vinci”. Un catálogo de símbolos religiosos y paganos se esconde en su interior para los aficionados al esoterismo, aunque no hay constancia de que los huesos de María Magdalena, es decir, el Santo Grial (según Dan Brown), descansaran en su cripta alguna vez. Como no me sentía cómodo bajo la bandera del relativismo izada en el último post entré en Roslin buscando algo que tuviera la categoría de sagrado, de indiscutible, un asidero, un faro, una referencia… No lo encontré en el gesto burlón de los misteriosos green men labrados en la piedra, ni en el reproche de las abuelas del inserso escocés que nos pedían explicaciones por hacer fotos prohibidas. No. En mitad de la nave central una pareja se abrazaba y se besaba como si los espíritus que habitan en la capilla les animaran a ello. Tal vez esos amantes se sentían imbuidos por la magia del lugar. ¿Bendecidos o condenados? En Roslin valen todas las miradas. El green man pagano les aplaudiría; el diablo, en cambio, se los llevaría detenidos. El fotógrafo, antes de meterse en debates éticos, apuntó y disparó.

Foto Miguel Berrocal
Texto Miguel Á. Barroso

miércoles, 14 de mayo de 2008

Te casas y te embarcas

Tengo un colega que si derrama sal en la mesa tiene que ejecutar el exorcismo de coger una pizca y arrojarla por encima de su hombro, pero ya ni las supersticiones son lo que eran. Es martes y trece y la gente se casa y se embarca. La mudanza es ahora la costumbre: estar en los sitios como si nos hubiéramos marchado de ellos, meter cuatro cosas en una maleta y salir pitando al país del relativismo. Los usos y costumbres son como los glaciares en retroceso de Groenlandia. Visto así, De la Vega tiene las mismas razones para escandalizarse por un polígamo que un supersticioso porque alguien coja un avión hoy.




Foto Miguel Berrocal
Texto Miguel Ángel Barroso

sábado, 28 de abril de 2007

La ruina es bella



Mañana llevamos en la portada del D7 un reportaje sobre la ampliación del Museo del Prado, con una fotografía de la fachada del "cubo de Moneo", la polémica remodelación del claustro de la iglesia de los Jerónimos. Lo más suave que hemos comentado en la sección sobre la obra de Rafael Moneo es que "parece la casa de cultura de algún pueblo del extrarradio", aunque sobre gustos no hay nada escrito. En cuestión de castillos, por ejemplo, prefiero los que están en ruinas a los que se mantienen en pie, por muy espectaculares que sean. Si me dan a elegir entre el castillo de Dunnottar , en Stonehaven (Escocia), y el de Neuschwanstein , en Alemania, me quedo con el primero, a pesar de que el imponente capricho de Luis II de Baviera, la fortaleza más famosa del mundo, compite por ser una de las nuevas Siete Maravillas del Mundo. Pero uno tiene sus debilidades, y es un sentimental. Dunnottar fue la revelación de mi primer viaje a Escocia, hace ya 14 años. Unas vacaciones con amigos que siguen siéndolo. Nadie nos había prevenido sobre estas piedras acostadas sobre los siglos y los acantilados, con las aves marinas chillando por doquier y las espumas del mar humedeciendo sus cimientos. Llegamos a esta costa, al sur de Aberdeen, casi por casualidad. El castillo no tiene la fama de los de Edimburgo y Stirling; ni, por supuesto, del Eilean Donan, probablemente el más admirado de Escocia. Pero es de los lugares que te obligan a girar la cabeza varias veces cuando te estás yendo de ellos, pensando en volver, pensando en quedártelos.

Le he pedido a uno de los amigos (J. F. Alonso) que me acompañaba entonces que escriba un párrafo:

"La roca era como la punta de una lanza sobre la neblina y el mar. Exactamente la forma de un triángulo de acero, sólo que, en este caso, era piedra alfombrada de hierba, las murallas de la historia. Creo recordar que Mel Gibson rodó allí Hamlet, y lo cierto es que nada más aproximarnos a las ruinas de Dunnottar daban ganas de ir a buscar la armadura, el whisky de malta y las ganas de matar. Nosotros nos conformamos con sacar la cámara -analógica aquellos días, como el castillo- y disparar repetidamente sobre una de las siluetas más fotogénicas que recuerdo, una postal escocesa, un carrete entero en el coche de alquiler que nos llevaba de aquí para allá. El clic de alguna de aquellas fotos vuelve a desfilar, de repente, en la memoria. Ay, la vida que pasa".

Cuando en este reciente viaje le planteé al fotógrafo desviarnos de la ruta para visitar Dunnottar pensé por un momento que quizás mis recuerdos me estaban traicionando, que la cosa no sería para tanto. Me tranquilizó comprobar que el compañero se pulió una pastilla disparando su cámara como un poseso.

Texto: Miguel A. Barroso

viernes, 27 de abril de 2007

Braveheart


"Podrán quitarnos la vida, pero jamás nuestra libertad". A William Wallace lo reconocemos en el rostro de Mel Gibson, a quien los escoceses han adoptado como hijo predilecto. No es para menos: su épica "Braveheart" les proporcionó un chute de orgullo patrio de enormes proporciones, justo el sentimiento contrario al que experimenta Carod-Rovira cuando pasan por la tele "El Cid", una peli llena de "momentos Heston", como diría Rosa Belmonte. Y eso que el auténtico Wallace medía más de un metro noventa, talla que ya quisiera para sí Mel Gibson. Se cuenta que en el rodaje de "El año que vivimos peligrosamente" tuvo que ponerse alzas para dar réplica a Sigourney Weaver. Pero ese pequeño detalle, como otras licencias que se toma en su filme sobre el héroe escocés, se le perdonan allí y aquí. Al fin y al cabo nos hizo pasar un buen rato: esas batallas con faldas y a lo loco, los maravillosos paisajes de las Tierras Altas, la música de James Horner... y las arengas en favor de la libertad, le valieron cinco Oscar, incluido el de mejor película. Esa palabra, "freedom", que pierde terreno en estos tiempos oscuros en favor de la palabra de moda, "paz", está inscrita en muchas estatuas de Wallace a lo largo y ancho de Escocia. En Stirling libró su batalla más importante, destrozando al ejército enviado por Eduardo I de Inglaterra. Un monumento sobre una colina conmemora esa victoria y al propio "corazón bravo".

Texto: Miguel A. Barroso.

jueves, 26 de abril de 2007

Los estragos del tiempo



Quien tenga hijos pequeños habrá escuchado alguna vez esta pregunta: "¿Dónde vamos cuando nos morimos?". También sabrá que las largas cambiadas no dan resultado con los niños, de modo que la respuesta más potable, se crea o no en ella, suele ser: "Al cielo". Ya habrá tiempo para más explicaciones. Un amigo está convencido de que cuando se muera lo enterrarán "y se habrá acabado para siempre la historia", pero se cuida por ahora de dar esta versión a sus retoños, pues resultaría demasiado brutal. Es curioso. La única certeza que tengo cuando pienso en la muerte se la debo a mis hijas. Vivimos mientras nos recuerdan. Lo hablé con mi compañero de viaje en Escocia mientras explorábamos el cementerio de Kenmore, en Perthshire. Otro misterio: nos pasamos la vida escapando de la muerte pero los camposantos ejercen una extraña seducción en nosotros. Vale, rezuman melancolía, dan morbo y algunos incluso son muy bellos, pero hay algo más, algo parecido a la afición por las esquelas de los periódicos. Si estoy leyendo que tú estás muerto es porque yo estoy vivo. Lo cual no deja de ser un detalle importante. Así que caía la noche sobre ese cementerio de lápidas centenarias y cruces celtas enfermas de líquenes, y nosotros haciendo fotos y fijándonos en las inscripciones, mira éste, del clan MacLeod, muerto en 1767... ¿se acordará alguien de él? No, porque quienes le conocieron -sus hijos, sus nietos, sus amigos y enemigos, sus amantes...- se borraron de este mundo, y a los profanadores de su intimidad, a nosotros, el personaje no nos dice nada: sólo es un nombre en una piedra devorada por los estragos del tiempo.

Texto: Miguel A. Barroso

miércoles, 25 de abril de 2007

¡las pavas son mías!


Los fotógrafos (o redactores gráficos, como les gusta llamarse) creen que la cámara es un escudo que les protege de cualquier contingencia. Los plumillas, en cambio, tenemos muy claro que si hacemos una pregunta impertinente las cosas pueden ponerse feas. A nosotros no se nos ocurriría interrogar a un pavo real sobre la disponibilidad de su harén. Pero un "fotero" le meterá el objetivo en la cara para conseguir un primer plano. Total... lleva encima el "escudo", así que no pasará nada. Además, como todo experto naturalista sabe (lo que no es mi caso), a estos bichos les encanta pavonearse delante de una cámara, exhibir el abanico multicolor de su cola. ¿Por qué este ejemplar atacó entonces con pico y patas al sufrido profesional? Muy sencillo. No estaba viendo a un fotógrafo. Estaba viendo un rival: su propia imagen reflejada en la lente del objetivo. Cada muestra de agresividad recibía una respuesta simultánea. Será cabrón este pavo... ¡las pavas son mías!


Texto: Miguel A. Barroso



martes, 24 de abril de 2007

Nuevos modelos de familia



Con motivo de la homologación del matrimonio homosexual en España un suplemento dominical se descolgó con un reportajillo sobre los nuevos modelos de familia. Tradicional, pareja de gays, pareja de lesbianas, madre soltera... La naturaleza nos hace otra propuesta: dos machos y una hembra, algo así como Clint Eastwood, Lee Marvin y Jean Seberg en "La leyenda de la ciudad sin nombre". Tanto en la película como en este trío de ánades reales de Loch Tay, Escocia, la que ordena y manda es ella: ahora vamos de paseo, ahora comemos... y por la noche uno se encama conmigo en el nido mientras el otro duerme fuera. A falta de hembras para todos, sólo cabe darse picotazos o pactar esta solución.

Texto: Miguel Ángel Barroso

lunes, 23 de abril de 2007

Un culé en la tierra de Rob Roy



En Gran Bretaña la gente sube una colina pero baja una montaña. Estos tipos se sienten orgullosos de sus tachuelas, estén en los Cairngorms o en los Trossachs. El top ten hay que buscarlo en Escocia: ninguno de los picos supera los 1.500 metros de altura, pero cualquiera les dice algo... Sin embargo, no suelen sacar pecho con sus equipos de fútbol. Cuando alguien se entera de que somos españoles -un segundo después de echarnos el ojo- nos preguntan por el Real Madrid que, a pesar de la sequía, sigue siendo nuestro producto más exportable. Qué le vamos a hacer. Aunque en los Trossachs, la patria de Rob Roy, encontramos un supporter del Barça que se las prometía muy felices. Tendrá que pedalear más rápido tras la cagada contra el Villarreal, porque el Sevilla y -manda huevos- el peor RM en años van a rueda preparando el sprint.

Texto: Miguel A. Barroso

domingo, 22 de abril de 2007

Templando gaitas



La nobleza que hizo del ocio un arte vive ahora del ocio de los plebeyos; si no, cómo diablos podría mantener en estos tiempos una finca como Atholl Estate, en Perthshire. Pase por caja y visite el castillo de Blair, donde fueron felices sin dar ni golpe una docena de duques. Verá sus retratos colgados de las paredes: tipos sonrosados y entrados en carnes, vestidos con el tradicional kilt y con la escopeta de caza y el vaso de whisky como complementos imprescindibles. Si da un buen braguetazo, puede celebrar su boda en el recinto (hay un enorme salón de baile, jardines con pavos reales y praderas con vacas melenudas). Recorra los bosques y las colinas donde corretean ciervos y corzos. Compre souvenirs en la tienda. Y vuelva, por favor; el duque necesita sus libras. Frente al castillo, una gaitera menuda hace un esfuerzo titánico para que el instrumento no se apodere de ella. La estampa no puede ser más escocesa.

Texto: Miguel A. Barroso

sábado, 21 de abril de 2007

Baño escocés



El lago estaba como un plato. Reflejaba el cielo panza de burro que no se animaba a descargar. ¿Saldremos secos de esto? Sin embargo, en los rápidos del río esperaban rocas traicioneras. Una de ellas ya tiene nuestro nombre. Cuando el guía de las canoas traiga otro grupo comentará: "This is Miguel's rock, the place where a stupid spanish take a scottish bath". El río que nos lleva tiene estas cosas: rápidos, meandros, remolinos, rocas que te hacen volcar... Lo importante es saber manejar el remo para vencer los obstáculos. Si te caes, siempre puedes secarte echándote al coleto unas pintas y un malta.


viernes, 20 de abril de 2007

Tacones cercanos


Escocia es un buen lugar para las persecuciones. Uno puede perseguir la luz crepuscular reflejándose en un lago, las ruinas de un castillo, las soledades de las tierras altas, los frailecillos en un acantilado y un trago de whisky de malta detrás de un trago de cerveza. A veces puedes perseguir unos pasos, pedirles que se paren y fotografiarlos. Estos fueron capturados en una feria de turismo en Edimburgo, un escaparate de tentaciones. La portadora, con fingido enfado, nos dijo que para qué se había arreglado tanto sí sólo nos habíamos fijado en sus zapatos. Falso. Nos fijamos en todo lo posible (y lo imposible) desde los ojos hasta los pies, pero el conjunto se quedó en exclusiva para nuestra mirada.


jueves, 19 de abril de 2007

Viaje con nosotros


"No seremos los más altos ni los más guapos, pero somos los más simpáticos". Madrid-Edimburgo, 3 horas. Con el graciosillo y nena tetas se hacen muy llevaderas. Primero, unos boletos de rasca y gana, hasta 30.000 euros de premio gordo, aunque tenemos que conformarnos con una libra que canjeamos por unos snacks salados. Después, a contar los pasajeros que aparecen en el folleto de seguridad, "ése que ustedes no miran nunca", añade el azafato. ¿Cuarenta? No, ochenta: hay que sumar las figuras minúsculas que están en los botes salvavidas. El ganador se lleva una chocolatina. Por último, calcular la edad media de la tripulación, siete tipos en total. La sobrecargo neumática recoge los papelitos en una bolsa. Seis pasajeros aciertan: 32 tacos. Un refresco para cada ellos. En Easy Jet no te dan gratis ni una bolsa de panchitos, pero si les sigues el juego hasta meriendas.

Texto: Miguel A. Barroso

Miguel Berrocal

"Cada cosa tiene su belleza, pero no todos pueden verla".

Confucio

551 AC-478 AC. Filósofo chino