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viernes, 29 de junio de 2007

Me encantan los cementerios reales


Una de las cosas que a la gente le sorprende cuando me conocen es mi devoción por fotografiar cementerios, no sé el motivo, lo que sí sé es que no me da ningún morbo, pero sé que me gusta verlos, leer las lápidas, saber el tiempo en el cual les toco vivir... imaginar como fueron, y por supuesto la estética del propio cementerio, no hay dos iguales. Este por ejemplo es un cementerio real, sí real... y ya sé que todos los cementerios son reales, pero este es real real.

Mañana sigo con la boda... hoy paréntesis

jueves, 26 de abril de 2007

Los estragos del tiempo



Quien tenga hijos pequeños habrá escuchado alguna vez esta pregunta: "¿Dónde vamos cuando nos morimos?". También sabrá que las largas cambiadas no dan resultado con los niños, de modo que la respuesta más potable, se crea o no en ella, suele ser: "Al cielo". Ya habrá tiempo para más explicaciones. Un amigo está convencido de que cuando se muera lo enterrarán "y se habrá acabado para siempre la historia", pero se cuida por ahora de dar esta versión a sus retoños, pues resultaría demasiado brutal. Es curioso. La única certeza que tengo cuando pienso en la muerte se la debo a mis hijas. Vivimos mientras nos recuerdan. Lo hablé con mi compañero de viaje en Escocia mientras explorábamos el cementerio de Kenmore, en Perthshire. Otro misterio: nos pasamos la vida escapando de la muerte pero los camposantos ejercen una extraña seducción en nosotros. Vale, rezuman melancolía, dan morbo y algunos incluso son muy bellos, pero hay algo más, algo parecido a la afición por las esquelas de los periódicos. Si estoy leyendo que tú estás muerto es porque yo estoy vivo. Lo cual no deja de ser un detalle importante. Así que caía la noche sobre ese cementerio de lápidas centenarias y cruces celtas enfermas de líquenes, y nosotros haciendo fotos y fijándonos en las inscripciones, mira éste, del clan MacLeod, muerto en 1767... ¿se acordará alguien de él? No, porque quienes le conocieron -sus hijos, sus nietos, sus amigos y enemigos, sus amantes...- se borraron de este mundo, y a los profanadores de su intimidad, a nosotros, el personaje no nos dice nada: sólo es un nombre en una piedra devorada por los estragos del tiempo.

Texto: Miguel A. Barroso

Miguel Berrocal

"Cada cosa tiene su belleza, pero no todos pueden verla".

Confucio

551 AC-478 AC. Filósofo chino